El dato se desprende del informe de Coberturas de Vacunación de 2024. La caída sostenida desde 2018 compromete la inmunidad colectiva y aumenta el riesgo de reaparición de enfermedades que ya estaban controladas2.
En el marco de la Semana Mundial de la Inmunización, un reciente informe de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento), elaborado en alianza con el laboratorio MSD2 analiza e estado de la vacunación en Argentina y recupera los principales ejes trabajados en un encuentro realizado recientemente en Buenos Aires. La iniciativa reunió a referentes del sector público, la academia, obras sociales, organizaciones de la sociedad civil y organismos internacionales, con el objetivo de reflexionar sobre los desafíos actuales de la inmunización en el país.
Según el informe, las tasas de vacunación en la Argentina se encuentran por debajo de los niveles necesarios para garantizar una protección colectiva adecuada. En los últimos años, las coberturas de vacunación del Calendario Nacional, gratuito y obligatorio, han mostrado valores por debajo del umbral del 95% asociado a la inmunidad colectiva. Esta situación, observada desde 2018, se extiende a las diferentes etapas de la vida, incluyendo población infantil, adolescente y adulta1.
En Argentina, entre 2022 y 2024, alrededor de 1,7 millones de niños y niñas no recibieron alguna de las vacunas correspondientes a su edad. La situación se agrava en los refuerzos de la segunda infancia y la adolescencia, donde se registran las caídas más pronunciadas2. Por ejemplo, el refuerzo de la triple viral, que protege contra sarampión, rubéola y paperas, alcanzó apenas el 46,7% en niños de 5 años, cuando hace menos de una década superaba el 90%. La cobertura contra la poliomielitis en el mismo grupo descendió al 47,6%. En adolescentes, la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), clave para prevenir distintos tipos de cáncer, llegó en 2024 al 55,5% en mujeres y al 50,9% en varones, muy por debajo de los niveles registrados años atrás1.
Las bajas coberturas no solo se limitan a la infancia. Los adultos y las personas mayores (+65 años) no siempre reciben las vacunas recomendadas para su edad, en parte debido a la organización del sistema de salud.2 “A diferencia de la pediatría, donde el calendario estructura las consultas, en la adultez el paciente interactúa con múltiples especialistas, clínicos, cardiólogos, neumonólogos y geriatras, y la responsabilidad de recomendar las vacunas correspondientes podría quedar diluida. A esto se suma que una gran parte de la población adulta no se percibe como grupo de riesgo,
aun cuando presenta enfermedades crónicas o condiciones que la vuelven más vulnerable”, afirma José Palmeiro, director médico de MSD Argentina.
Si nos referimos a la confianza en vacunas, según el Índice de Confianza y Acceso a las Vacunas de la Fundación Bunge y Born, Argentina registra niveles de confianza cercanos al 86%, superiores a los de muchos países de la región. El verdadero desafío es una reticencia difusa y multicausal, alimentada por la circulación de desinformación en redes sociales, incluso reproducida por algunos profesionales de la salud, y por la ausencia de recomendación activa de los equipos sanitarios. Este fenómeno es especialmente marcado en jóvenes de 15 a 25 años2.
Entre los factores que explican la caída general, se identifican también las barreras de acceso – horarios restringidos de los centros de salud, distancia a los vacunatorios, dificultades para ausentarse del trabajo- y una percepción del riesgo debilitada por el propio éxito histórico de la vacunación: la reducción de la circulación de ciertas enfermedades llevó a subestimar su amenaza2. «Hoy el principal problema no es comenzar la vacunación, sino sostenerla en el tiempo y completar los esquemas. Cuando faltan dosis, la protección queda incompleta y se genera una falsa sensación de seguridad», advierte Palmeiro.
El impacto potencial de esta tendencia es significativo. A nivel global, la vacunación evita entre 3,5 y 5 millones de muertes por año3 y en los últimos 50 años permitió salvar más de 154 millones de vidas4. Esto se refleja en la drástica reducción de enfermedades: la viruela fue erradicada5, la poliomielitis disminuyó en más de un 99%6, y la mortalidad por sarampión cayó de millones de muertes anuales a menos de 100.000 en la actualidad7. En este último caso, la vacuna o la inmunización evitó más de 94 millones de muertes infantiles en las últimas décadas8. En América, además, la inmunización contribuyó a reducir la mortalidad infantil en un 41% y a evitar alrededor de 16 millones de muertes9. “Por eso es importante que los índices de vacunación no disminuyan. Cuando existen grandes brechas en las coberturas, las enfermedades altamente contagiosas pueden reaparecer rápidamente”, afirma José Palmeiro.
Durante el encuentro, se subrayó además la importancia de abordar la inmunización desde un enfoque de curso de vida, promoviendo estrategias territoriales más activas y una comunicación que interpele a personas de todas las edades.



















