
La producción opera al 24% de su capacidad, el empleo cayó más de 20.000 puestos y las importaciones a precios bajos profundizan la crisis.
La industria textil argentina atraviesa un momento crítico, con una capacidad operativa de apenas el 24% y una caída interanual del 23,9% en la producción durante enero, según el último informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA). Este desempeño es casi ocho veces peor que la contracción promedio del conjunto industrial, que se ubicó en 3,2%, y representa el nivel más bajo desde 2016.
El retroceso se refleja en la paralización de buena parte de las fábricas: casi ocho de cada diez máquinas permanecen inactivas. La crisis alcanza a toda la cadena productiva, incluyendo confección, cuero y calzado, que en diciembre de 2025 contabilizaron 100.000 puestos de trabajo formales, 12.000 menos que en 2024. Desde fines de 2023, la pérdida acumulada de empleo en estos sectores supera los 20.000 puestos, con caídas sostenidas interanuales desde febrero de 2024.
Una de las causas centrales del deterioro es el aumento de las importaciones de productos textiles terminados a precios extremadamente bajos. Más del 70% de las compras externas registran valores por debajo de los históricos, y en muchos casos no cubren ni siquiera el costo de la materia prima. Entre los casos más llamativos se incluyen remeras de algodón por menos de 0,01 dólar, toallas por debajo de 0,30 dólar el kilo y pantalones de jean por menos de 1 dólar. Estas prácticas, según FITA, generan distorsiones de mercado y competencia desleal para la producción nacional.
A pesar de la caída de la producción, algunos indicadores de consumo muestran aumentos. Las ventas en centros comerciales crecieron 4,3% interanual en enero, pero gran parte de estas operaciones se realiza a precios por debajo del costo, con márgenes negativos y predominancia de productos importados, lo que no logra revertir la crisis del sector.
En medio de este contexto adverso, el sector invirtió 22 millones de dólares en maquinaria durante los primeros dos meses del año. Si bien representa una caída del 11% respecto al mismo período de 2025, implica un incremento del 39% frente a 2024, reflejando la búsqueda de modernización y eficiencia en un marco complicado.
“La existencia de un patrón recurrente de importaciones a precios llamativamente bajos demanda acciones que eviten distorsiones en las condiciones de competencia”, advirtió Celina Pena, gerenta general de FITA. Según el organismo, el cambio en la composición de las importaciones, con un aumento de productos terminados y caída de insumos básicos como hilados y tejidos, profundiza la pérdida de competitividad y complica aún más la sostenibilidad de la producción y el empleo en la industria textil argentina.
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