Tras sufrir robo a mano armada: “Nada va a ser igual que antes”

Punto de acceso de los delincuentes a la propiedad

En la noche del martes, una familia ranchera sufrió un robo a mano a armada en su vivienda, ubicada en cercanías al Barrio Rincón del Sol. Fueron atados y encerrados.

Era un día como cualquier otro, donde la familia Peralta-Cattorini se preparaban para cenar junto algunos familiares, cuando tres hombres armados irrumpieron en la quinta donde viven desde hace tres años. Bajo amenazas y a punta de pistola, el padre de la familia, y su suegra fueron atados y encerrados junto a sus hijos en una habitación, mientras los delincuentes exigían a la esposa dinero.

“Era un día normal de trabajo, donde yo había salido a las 7,30 de la mañana y volví a las ocho y media de la noche, donde estábamos esperando a mi cuñado con los hijos para cenar, también estaba mi suegra, estaba la mesa puesta”, comienza narrando Ignacio Peralta, víctima del robo.

“Entran por la galería tres personas armadas, con barbijos. Yo me doy cuenta cuando  llegan al living, donde estaba hablando por teléfono, me hacen cortar la comunicación y me hacen arrodillar. Me preguntan dónde está la plata, que le de las armas. Mi señora le da algo en efectivo que teníamos, y le exigían otra plata (insistentemente), hasta que le hace entrega de unos ahorros que teníamos nosotros, y al cabo de doce minutos se terminan yendo, previa amenazas de que no hablemos a nadie por una hora porque iban a venir a pegarnos unos tiros”, explica.

Los delincuentes, que ingresaron por los fondos de la propiedad, tras romper el tejido perimetral, al ver la mesa puesta notaron que esperaban a más gente, por lo cual seguramente eran conscientes de que debían actuar con más velocidad.

“Ante esa amenaza, lo primero que hicimos fue desatarnos, y en eso llega mi cuñado… los chiquitos estaban en crisis así que se los llevó él”, cuenta Ignacio.

Producto de la desesperación de no saber cómo actuar, y shockeados por lo vivido, “lo llamamos al Intendente (Juan Manuel Álvarez) que se hizo presente acá enseguida, y nos hace el comentario de que ‘a los ahorros hay que tenerlos en caja de seguridad en el banco, que no es seguro tenerlos’, como si fuera algo normal”, desliza con indignación.

“Estuvimos debatiendo si hacíamos la denuncia o no”, y tras consultar con su hermano que es Fiscal, radican la denuncia. Minutos más tarde el “Subcomisario (Gabriel) Chiniquini nos toma la denuncia, y viene la Policía Científica, que trata de tomar huellas, y que estuvieron hasta las 4 de la mañana. Al otro día hicimos el reconocimiento facial, y ayer amplié la denuncia”, narra Peralta.

Pasado este lamentable episodio, la familia se entera que empleados de un comercio céntrico habían visto a tres personas merodeando de manera sospechosa, pero no alertaron a la policía. Ante esto, Peralta está convencido que “hay que generar conciencia en la comunidad de que si ves un auto que te genera sospechoso, hay que dar aviso. Que los de afuera vean que realmente la ciudad está controlada y que no sea fácil venir a cometer un delito. Eso por un lado, y por el otro, vienen insistiendo con el mal funcionamiento de las cámaras. Solamente hay dos, y tenemos muchos accesos. Esa misma noche se lo comenté al Intendente (enumerando los distintos puntos de fuga con los que se cuenta en Ranchos), y la reacción del Intendente es levantar los hombros y decir ‘pero la tierra no deja ver la chapa patente’. Yo no entiendo ese tipo de contestación. Me parece que realmente hay que gestionar para el bien de la comunidad. Que las cámaras anden bien, que pongan más cámaras, domos estratégicos en la ciudad, y que esté a cargo de alguien que sepa realmente del tema”, pide enfático, haciendo hincapié en que no recibió “ni siquiera un mensajito del Secretario de Seguridad. Es indignante, porque no es que nos robaron una bicicleta de mi hijo. Tres tipos armados entraron a las nueve y media de la noche, es increíble. Parece que se está considerando algo normal, yo no lo puedo aceptar”, analiza.

“Entiendo que no hay que martirizarse, pero cómo hago. Yo trabajo mucho afuera. Ahora me cambió la forma de ver todo. Yo le digo a mi mujer que esto no fue lo suficientemente agresivo y de maltrato para estar pensando en tramitar la ciudadanía italiana e irme del país”, sostiene Peralta al recordar el momento vivido, donde “yo encerrado en el cuarto, sin saber qué hacían, tratando de mantener la compostura, pensando en mis hijos”.

La causa está en manos de la justicia, y solo resta aguardar los tiempos que esto demanda. “Mientras tanto hay que lidiar con la parte psicológica, emocional. Nada va a ser igual que antes. Pensar en la posibilidad de dar dos vueltas a la manzana antes de entrar acá, la verdad que yo no puedo creer que tenga que hacer eso viviendo en Ranchos. Las luminarias se pidieron hace más de dos años, y pasó esto y al otro día pusieron las luminarias, y eso no es así”, señala con fastidio.

Del mismo modo, reclama que “haya mantenimiento en los terrenos baldíos, una exigencia, una regulación, porque todo el pastizal ayuda también. Cada uno debe asumir que si tiene un terreno debe destinar un gasto a su mantenimiento. Es un lugar de tierra de nadie”, se lamenta.

“Hay que generar una conciencia, y que el gobierno de turno no está concentrado en hacer un pueblo más seguro, porque si no tendríamos en todos los accesos pensado qué hacer con cada uno. No hay patrulleros en los accesos… da la sensación de que es un viva la pepa”, sentencia Ignacio Peralta.

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2 COMENTARIOS

  1. Es muy cierto, los accesos, ni siquiera tienen un patrullero, los cuales podrían detectar, y ver que autos entran y salen, pero acá, a nadie le importa nada, hasta que las cosas les tocan de cerca, gastan plata en tantas otras cosas, pero no en lo que tendrían que hacer, como por ejemplo las cámaras, eso da seguridad al pueblo, y el que viene de afuera lo piensa 2 veces para hacer algo…. Eso si, plata, para pagar luz, alquileres, garrafas, etc, etc etc, tienen, acá hace falta trabajo, no que le paguen cosas a la gente con menos recursos, esa gente tiene que tener trabajo, por más mínimo que sea, la plata se la tienen que ganar trabajando,.

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