Huertas escolares como recurso pedagógico

Escuelas públicas que apuestan a poner en práctica la soberanía alimentaria y enseñan a chicos y chicas sobre los tiempos de la Naturaleza, a conocer los ciclos de los alimentos y a guardar las semillas hasta que llegue el momento de plantar.

El hecho de que la Escuela Nina N° 40 “Emilio Francou” de Villa Elisa, en la provincia de Entre Ríos, fuera pequeña, no fue un impedimento para armar una gran huerta. “Un vecino que tenía un terreno sin usar justo frente a la escuela, lo donó para desarrollar esta actividad que transformó a la escuela y a toda la comunidad educativa”, recuerda los inicios del proyecto Luciana Pinget, tallerista de Huerta Orgánica desde 2015.

Algo similar sucedió con los talleres de Escuela y Naturaleza de la Escuela Normal Superior en Lenguas Vivas Sofía Broquen de Spangenberg (“el Lengüitas”), en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires. “Había un baldío al lado del patio. Generaron ahí una huerta con gallinas y conejos que, con los años, se fue cerrando. En  2001 comenzaron allí los talleres de Escuela y Naturaleza para chicas y chicos de jardín y primaria. En ese entonces eran tres los docentes”, recuerda Ana Tsitso, la coordinadora de los talleres desde hace 17 años.

La propuesta de Escuela y Naturaleza ofrece talleres de Huerta, de Cocina, de Construcciones, y de Arte y Cultura. “Actualmente son casi 20 los docentes entre los que hay técnicos en recreación, agrónomos, músicos, artistas plásticos, que trabajamos en estos talleres que se ofrecen como extracurriculares en la escuela para más de 360 familias”, rescata Tsitso.

La escuela se presentó en la Feria de Ciencias provincial con el proyecto de Huerta Orgánica Inclusiva. Los chicos y las chicas de 6° grado adaptaron herramientas para que todos pudieran utilizarlas. “Hicieron una pala con mango extensible reutilizando el barral de una cortina de baño; y un sembrador manual para que una persona que se desplaza en silla de ruedas pudiera sembrar y colocar las semillas por un caño con un gatillo que iba largando las semillas grandes, como lo son las de arvejas o habas”, enumera Pinget.

Laura Vergara es ingeniera forestal y “multifacética”, como ella misma define su labor en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Colón, Entre Ríos.

“Las huertas despiertan la curiosidad y el ingenio en los chicos. La huerta en la escuela fomenta lazos con la naturaleza y enseña a respetarla; a valorar el agua y no malgastarla; a entender poco a poco el proceso de crecimiento y desarrollo de los seres vivos; estimula el trabajo en equipo; potencia el cultivo de productos autóctonos; y favorece los hábitos de una alimentación sana y equilibrada”, señala la ingeniera.

Junio es el mes del medioambiente y en el Lengüitas se realiza un trabajo muy fuerte de concientización que se refleja en la escuela. “Se trabaja con residuos, cómo manejarlos en la escuela y en las casas. El camino para incorporar hábitos es largo, pero cuando vemos que se refleja en las casas, nos llena de satisfacción”, explica la coordinadora de Escuela y Naturaleza.

Trabajamos mucho con los tiempos de la Naturaleza, para aprender a esperarla y observarla. ¡La computadora y el control remoto van mucho más rápido! Aprendemos a conocer los ciclos de los alimentos, a guardar las semillas para el momento de plantar. Y, con los chicos y chicas más grandes, también hacemos hincapié en la importancia de la soberanía alimentaria”, subraya Tsitso.

Chicos y chicas aprenden a sembrar y cosechar. La diferencia entre el almácigo, la siembra directa, y qué vegetales hay que resguardar en un vivero cuando hace frío. Pero también presentamos diferentes actividades como cursos de fotografía en la huerta, cocinamos comida saludable e invitamos a nutricionistas de la zona para que nos enseñen nuevas recetas”, cuenta orgullosa la docente.

A través de su programa Pro Huerta, el INTA entrega dos veces al año colecciones de semillas a organizaciones y particulares en forma gratuita. «En los últimos años también se realiza seguimiento y capacitación”, dice Vergara.

«Es llamativo y sumamente alentador cómo los chicos y las chicas se entusiasman con el trabajo en la huerta. Incluso ahora, en pandemia, los gurises quieren ir a la huerta, y se llevan eso que ellos vieron crecer desde la semilla. Es un orgullo y una inmensa satisfacción para los chicos y también para los docentes”, señala Vergara.

La escuela de carpintería de Villa Elisa junto con la escuela Emilio Francou confeccionó un cantero en altura para que alguien en silla de ruedas pueda ingresar al cantero y trabajar cómodamente. “Para la escuela fue un cambio total. Participar de la Feria de Ciencias con proyectos de huerta inclusiva y en las Jornadas para celebrar el Día del Medio Ambiente en la plaza de la ciudad”, subraya Luciana Pinget y recalca que “Toda la escuela colabora. Desde las cocineras, todos los chicos, las otras docentes que piensan en la huerta para desarrollar allí ciertos temas de la currícula”.

Durante 2020, en plena pandemia y con la huerta de la escuela cerrada, Pinget repartió semillas del INTA a todas las familias para que hicieran sus propias huertas en sus casas y la recepción fue todo un éxito. Eran los pequeños los que les enseñaban a sus padres a sembrar, cuidar, cosechar y cocinar el producto que crecía en sus jardines.

Créditos: Cultura.gob.ar

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