EL PAÍS

Siete de cada diez abuelos, por debajo de la línea de la pobreza

Sin contar la devaluación que se disparó la semana pasada, la canasta básica de los jubilados se ubicaba el mes pasado en $21.000, según la última medición de la Defensoría de la Tercera Edad.

Sin contar la devaluación que se disparó la semana pasada, la canasta básica de los jubilados se ubicaba el mes pasado en $21.000, según la última medición de la Defensoría de la Tercera Edad. El monto casi que triplica el haber mínimo jubilatorio y deja a 7 de cada 10 abuelos sin llegar a cubrir los productos básicos para su subsistencia.

Al respecto, el defensor de la Tercera Edad, Eugenio Semino, fue contundente: “Los jubilados hacen peripecias ante una sociedad que naturalizó que envejecer es ser pobre”.

No podríamos tener peor espejo que ese: el de un país que, a discreción del gobernante de turno, barre con los derechos de quienes trabajaron, apostaron y pagaron durante toda su vida para tener una vejez digna. Pero, en cambio, una inmensa mayoría de los que están en el otoño de sus vidas se sienten sujetos descartables, poco menos que una carga para sus hijos y nietos, también sumidos en su crisis, pero que hacen un esfuerzo para suplirles las carencias que debería atender el Estado.

Dependiente, como un niño, el abuelo se convierte así en hijo de sus hijos, en nieto de sus nietos. Y sufre por ello, porque “en Argentina, con $8.000, nadie puede vivir y estamos hablando de un universo de 7 millones de personas”, apuntó Semino, quien para el cálculo contempló a los 1,3 millones de personas que reciben pensiones no contributivas, en su mayoría personas con discapacidad, que enfrentan “condiciones de infraconsumo, debido a que perciben apenas $6.000 mensuales”.

La canasta de la Defensoría releva gastos de vivienda, alimentación y medicación. En ese sentido, Semino destacó que, en los últimos seis meses, los insumos de farmacia, que no son contemplados dentro de los medicamentos cubiertos por las obras sociales, aumentaron hasta el 30% por estar dolarizados.

El escenario se agrava si se repara en el hecho de que el acuerdo con el FMI sugiere la posible venta de los fondos de los jubilados que resguarda la Anses. Lo que para el Defensor de los abuelos es una locura. Pues, esos fondos, en lugar de estar a disposición del FMI, deben estar en el único lugar seguro: el bolsillo de los jubilados, que pagaron y pagan impuestos, consumen y generan más trabajo.

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