SALUD

Consumos abusivos en la adolescencia: 8 estrategias para convertirse en una familia preventiva

Espacio cedido al CPR

El consumo de alcohol, tabaco y drogas comienza cada vez a menor edad. Los especialistas advierten que entre los padres crece una mirada que naturaliza la conducta y niega los riesgos para la salud. Por eso, proponen una serie de habilidades protectoras que fomenten la autonomía y la autoestima de los chicos desde un rol de autoridad.

Uno de cada dos adolescentes de 12 a 17 años consume alcohol de forma abusiva (Getty)

Por Graciela Gioberchio

No es fácil dejar de ser niños. La adolescencia es una de las etapas más complejas de la vida: es el tiempo en el que se construye la personalidad y comienza un período de cambios biológicos, psicológicos, sociales y culturales.

En la Argentina, la cantidad de adolescentes es la más nutrida que el país haya tenido hasta el presente: la franja entre 10 y 19 años -sin dudas un recurso primordial para el desarrollo de la sociedad- representa el 17% de la población total, poco más de 7 millones de jóvenes, según el último censo nacional de población realizado en 2010, y las proyecciones indican que será mayor en el futuro inmediato.

 “El consumo problemático deriva en más riesgos aún: violencia, accidentes de tránsito, relaciones sexuales no consensuadas, enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados”

El escenario más preocupante que presenta este grupo poblacional es el aumento del consumo de sustancias legales e ilegales, cada vez a menor edad, un fenómeno transversal que atraviesa todas las clases sociales.

El último informe nacional sobre el uso de sustancias psicoactivas elaborado por la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar) pone a los adolescentes en el centro de la problemática: uno de cada dos jóvenes de entre 12 y 17 años consumió alcohol en forma abusiva, y se posiciona como la droga legal más consumida entre los jóvenes. En esa franja etaria, el consumo de tabaco aumentó un 50% entre 2010 y 2017, y el de marihuana se triplicó.

Alcohol, tabaco y marihuana son protagonistas de las salidas de fin de semana, las previas, los festejos del “último primer día”, las fiestas electrónicas, los viajes de egresados, en modalidades extremas como el “atracón de alcohol”, también conocido como binge drinking: tomar mucho en el menor tiempo posible. Estos consumos se convierten en la “puerta de entrada” a otras sustancias aún más peligrosas, como cocaína, éxtasis y otras drogas de diseño.

Infobae dialogó con tres especialistas que desde hace 18 años integran el Grupo de Trabajo en Adicciones de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). Ellas sonGraciela Morales, pediatra, médica de adolescentes y secretaria del equipo interdisciplinario; Adriana Narváez, psicóloga especialista en adolescencia y miembro de la Sociedad Argentina de Salud Integral Adolescente (SASIA), y Marta Braschi, que además de pediatra y médica de adolescentes, es toxicóloga del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y del Hospital Alemán.

Con una vasta experiencia basada en talleres con docentes y familias de distintos lugares del país, y en la atención en guardias y consultorios, las expertas advierten que entre los padres crece una visión que naturaliza la conducta de sus hijos y niega el impacto que tiene en la salud de los adolescentes, tan dañino como ocasionar fallas irreversibles en el desarrollo del sistema nervioso. “El consumo problemático deriva en más riesgos aún: violencia, accidentes de tránsito, relaciones sexuales no consensuadas, enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados”, enumeró Braschi.

“Si los chicos empiezan a consumir a los 12 años, llegamos tarde”, lamentó Morales. Para evitarlo y disminuir las probabilidades de consumo, el equipo de la SAP elaboró una batería de habilidades protectoras que fomenten, desde los primeros años de crianza, la autonomía y la autoestima de los chicos desde un rol de autoridad. Con la premisa de que prevenir también es educar, propone ocho estrategias para conformar un entorno familiar preventivo:

Fomentar la seguridad en sí mismos. “Para lograrlo es necesario adoptar una actitud clave hacia los chicos: aceptarlos tal como son, demostrarles amor y cariño, valorar sus avances y logros, tratar de no recordarles sus dificultades y crear expectativas ajustadas a la realidad personal de cada uno”, señaló Morales. Y agregó que en cada familia —tradicional, ensamblada, diversa, con más o menos dificultades— el punto de partida es la construcción de un vínculo afectuoso entre padres e hijos. La especialista apuntó que “fortalecer las habilidades personales y sociales de cada chico contribuye en gran medida al desarrollo de su autoestima y capacidad para resolver problemas y conflictos personales”.

Ayudarlos a madurar. Brindarles la oportunidad de tomar decisiones personales, en función de la etapa de su desarrollo. “Trabajar desde chicos el desarrollo de su autonomía y sus responsabilidades. En este punto son fundamentales las rutinas en cuestiones tan básicas y significativas en la vida de un hijo como son las relaciones con la comida y el sueño: dónde, cuándo y qué comer; dónde, cuándo y cómo dormir, sin discusiones ni debates de por medio”, planteó Morales.

Enseñarles autocontrol: Entran en juego todas las herramientas que permitan que el chico aprenda a dirigir adecuadamente sus emociones. ¿Cómo? “Las formas más eficaces para alcanzarlo son a través del diálogo, el control de los impulsos y el enojo, la resolución de conflictos sin violencia, la transmisión de hábitos de autocuidado y de estilos de vida saludable. También es importante la actitud y el comportamiento frente al consumo de alcohol, medicamentos y drogas por parte de los padres, quienes deben ser conscientes de su rol como ejemplos de vida sana. El desafío de los adultos es mantener una coherencia entre lo que se dice y se hace”, respondió Morales.

Establecer fuertes vínculos sociales y en la escuela. Así como se requiere la construcción de una identidad familiar segura y cálida, la familia también tiene que inculcar una actitud de buen diálogo y respeto hacia la institución escolar, los compañeros y los docentes. Esos mismos valores deben primar en la red de sostén social con los amigos, los vecinos y el barrio.

Fijar límites bien definidos y comunicados. “Las regulaciones siempre deben estar claras”, remarcó Narváez y explicó que para llevar adelante esta estrategia central de la crianza “la clave es encontrar el punto medio entre el autoritarismo y la permisividad, fijando los tan reclamados límites. Suena una frase gastada y remanida, pero no lo es: los chicos necesitan normas. En los hogares hay que decirles claramente: esto sí y esto no, y mantener con firmeza la decisión”. Su colega, Braschi, acompañó la postura afirmando que “siempre es más difícil decir sí que sostener un no”. Morales insistió en el trato cálido y afectivo: “Los límites demuestran amor”.

Conocer sus problemas, intereses y necesidades. No hay manera de establecer un espacio de comunicación con los hijos si los padres no se organizan y priorizan tiempos para jugar, escuchar y conocer sus pensamientos y problemas. Es cierto que las ocupaciones diarias se llevan la mayor cantidad de horas del día, pero esa escasez “bien puede ser complementada con la calidad de dedicación”, recomendó Narváez, al tiempo que destacó que “en la búsqueda de soluciones y opiniones, los padres deben ser la primera opción para los chicos”.

Informarse sobre los consumos legales e ilegales. En general, los adolescentes conocen esa información. Los padres también deben estar al tanto y proponerles lecturas o compartir noticias relacionadas o datos de recientes estudios sobre consumos problemáticos. “La idea —explicó Morales— es mantener con ellos un canal diálogo en el que puedan contar sin miedos lo que piensan acerca de todos los tipos de drogas, sus efectos, su impacto en la salud, si los amigos consumen o si conocen situaciones más complejas derivadas del consumo abusivo”.

 “Más que nunca los adultos deben marcar su rol de autoridad e involucrarse sin minimizar ni exagerar”

Acompañarlos desde un rol de autoridad y no “a la par”. El lugar de los padres no tiene discusión: los adultos son los que marcan el camino, los que dicen esto sí y esto no. “Lo de padres ‘amigos’ no va”, dijo Braschi, terminante. “Hay padres que dicen que prefieren que su hijo tome y se emborrache en casa en lugar de salir y poner en riesgo su salud afuera; o que fume su primer porro en casa con ellos. Creen que hacen lo mejor para sus hijos, pero muchas veces terminan ocasionando un daño mayor”.

Por su parte, Narváez hizo hincapié en el sentido cultural que ha tomado la noche. “Asistimos a un momento de innovación en el cual el consumo se ha naturalizado; se observa en las letras de las canciones que escuchan los chicos y hasta en la escasa sanción social que tienen las salidas destinadas a emborracharse y divertirse. Por eso, más que nunca los adultos deben marcar su rol de autoridad e involucrarse sin minimizar ni exagerar: saber dónde y con quiénes están sus hijos, mantener contacto con otros papás para estar al tanto de las ‘previas’ en casas, salidas en grupo y otros encuentros.

Las especialistas en adolescentes y adicciones saben que no es una tarea fácil, y que requiere mucha paciencia y tenacidad. “Si el objetivo es ayudar a los hijos a crecer y desarrollarse plenos y sanos, no hay que bajar los brazos”, alentaron.

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