EDITORIAL / OPINIÓN

Los lápices siguen escribiendo

Una página negra en la historia argentina se recuerda cada 16 de septiembre. Los hechos ocurrieron en 1976 en la ciudad de La Plata, donde diez estudiantes secundarios fueron arrancados de sus hogares en horas de la madrugada por los llamados “Grupos de Tareas”, coordinados por el Jefe de Policía de la Provincia Ramón Camps, y su mano
derecha, el comisario Miguel Etchecolaz.
Siete de ellos fueron llevados al centro clandestino de detención conocido como “Pozo de Arana” (Delegación de Cuatrerismo), y más tarde transferidos al “Pozo de Banfield”, donde fueron brutalmente torturados. Los otros tres chicos pasaron por el Pozo de Quilmes, donde también fueron torturados, luego por la comisaría 3 de Valentín Alsina y finalmente por Devoto, donde quedaron a disposición del Poder Ejecutivo hasta su liberación entre 1978 y 1979.
Aquella noche se la conoce con el nombre de “La Noche de los Lápices”, recordando el momento en que siete jóvenes dejaron sus vidas en la defensa de los reclamos por sus derechos de estudiantes secundarios (el reclamo de un boleto estudiantil que dió la excusa a quienes – haciendo abuso de poder- olvidaron los derechos del ser humano y cercenaron la vida de un grupo de jóvenes que luchaban por la reivindicación de sus derechos).
En ciertas etapas nefastas de la vida nacional, el contexto histórico y político aniquila a quienes alzan su voz, y hay hechos que no se deben olvidar para evitar que se repitan.
Aunque los avatares de nuestras democracias conlleven grandes problemas
económico-sociales, no debemos dejar de valorar y recordar nuestros derechos y garantías constitucionales, defender la educación pública y gratuita; pues a un pueblo educado y culto es más difícil dominarlo, quitarle su dignidad.
Para que la muerte de vidas jóvenes caídas en la defensa de sus derechos, tenga un significado, es importante que se continúe siempre con la defensa de la formación de ciudadanos cultos, instruídos; es fundamental la capacidad de pensar, de discernir críticamente sobre sus propias razones, de escuchar otras posiciones y la de buscar formas de consenso que permitan la convivencia con justicia, con tolerancia, con solidaridad y con respeto.

“Podrán cortar todas las flores pero no podrán detener la primavera”.

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