OPINIÓN

La noche en que se rompieron los manuales – Por Antonio De Turris

Paradójico, sorprendente, patético. Cualquier calificativo cabe para definir lo que se observó el domingo por la noche, cuando algunos candidatos de la oposición aparecieron en público a una altura en la cual el resultado de las elecciones mostraba una tendencia clara, definida.

Viéndolos y escuchándolos a Alfonsín, Duhalde, De Narváez, Das Neves y Binner, por citar sólo a los principales, parecía que habían ganado o que terminaban de perder en un final de bandera verde

Ninguno de ellos llegó a infundir la alegría que transmitió la Presidenta, pero se los veía tan bien, tan desafiantes, que cualquiera hubiese podido dudar que, como mostraba la tira que incesantemente pasaba al pie de la pantalla, acababan de recibir una paliza que posiblemente marque un antes y un después en sus vidas políticas, y no precisamente para bien. Nunca se entendió de qué se reían, por qué se sonreían aparentemente felices unos a otros. ¿Es que acaso pensaban estar no 40 sino 50 puntos debajo de Cristina?

Aunque se cuidó de nombrar a Scioli, que hubiese hecho una cosecha quizás superior a la suya si no le hubiera mordido los talones con Ishii y con Sabbatella, la Presidenta se mostró como una ganadora correcta, si se quiere sobria teniendo en cuenta cómo quedó perfilada para las elecciones de octubre. También el gobernador bonaerense se mostró medido, fiel a su estilo.

Y sobrio, también, apareció el otro gran ganador de la jornada, Jorge Altamira, quien con una campaña barata pero inteligente logró salvarse del descenso y jugará en primera el 23 de octubre.

Con 2,60 por ciento, Altamira dejó fuera de carrera a la candidata de Pino Solanas y estuvo a menos de un punto porcentual de Elisa Carrió, quien al mejor estilo Casildo Herreras se borró y dejó a Adrián Pérez para que diera las explicaciones del caso y apareciera como la cara de la derrota. Fea actitud la de Carrió, quien recién ayer por la tarde apareció, asumió la máxima responsabilidad del desastre de su fuerza y salvó un poco su propia ropa.

Pérez, que por momentos parece un aventajado alumno de Scioli en eso de tener paciencia y calma venga lo que venga, hizo lo suyo con una gran dignidad: demudado -una imagen suya publicada en La Nación del lunes habla por sí sola – primero justificó a su jefa por el faltazo y luego admitió que la derrota había sido tremenda y que la fórmula de la Coalición Cívica que integra con Carrió sigue siendo importante para hacer oposición.

Dio pena verlo a Pérez, pero su papel fue dignísimo, todo lo contrario de lo que se observó en otros bunker opositores.

Los políticos levantándose mutuamente los brazos en señal de triunfo, la música y los bailecitos suelen tener algo de patético inclusive cuando, efectivamente, se está festejando una gran victoria. El macrismo ha dado muestras de ello. Pero esa escenografía directamente roza el ridículo cuando quienes la protagonizan han perdido por casi 40 puntos.

Raros, casi grotescos, también, sonaron los análisis de quienes acompañaron a Binner en el sentido de que éste fue uno de los ganadores de la jornada, simplemente porque arañaba el 10,6 por ciento con una fuerza relativamente nueva. Y que ese número lo deja, en todo caso, bien posicionado para el 2015. Para entonces, el ex gobernador de Santa Fe estará rondando los 73 años.

Aunque la Presidenta lo derrotó en su propia provincia, Binner evidentemente se quedó convencido, y así lo dijo, que lo suyo fue muy bueno y que tiene posibilidades de dar pelea en octubre. Para lograrlo, antes, tendrá que convencer a Alfonsín y Duhalde de que insten a votarlo a él. Y él tendrá que dejar de lado algunos tips: no hay más tiempo para evitar la crítica dura a Cristina ni para el discurso de que no vale ganar sólo para que pierda el otro.

Cualquier principiante en marketing político sabe que la primera aparición pública luego de un comicio es determinante para el futuro. Allí se ve quienes asimilan correctamente lo que las urnas han deparado, sea para bien o no. En resumen, quien se muestra en conocimiento cabal, conciente, de lo que le ha ocurrido. En la noche del domingo, los más votados de la oposición rompieron todos los manuales menos uno: el que usó Filmus la noche de su derrota en primera vuelta ante Macri, cuando le agregó plomo a la cola del barrilete que tenía que remontar. Lo que siguió es conocido.

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